Hoy he dejado un poco lo malo que ocurre en nuestro país, quiero mostrar que los salvadoreños también hacemos cosas buenas para tratar de mejorar nuestros ingresos y estilo de vida. Un día comprando una lechuga en un mercado escuché a una señora hablar sobre la nueva agricultura denominada “agricultura orgánica”. Al principio pensé que se trataba de cultivos importados, pero no era así ya que en el país existía un lugar donde se comenzó a cultivar de manera diferente.
Mi interés sobre este tema aumentó cuando la señora me preguntó ¿usted quiere una lechuga tradicional o orgánica? Me quedé pensando cuál sería su diferencia y esta duda me llevó a investigar acerca de este interesante tema.
Agarré un cuaderno, una grabadora y mi cámara y me fui hacia Chalatenango a 85 km de San Salvador y esto fue lo que descubrí:
La agricultura orgánica surgió como un experimento y se convirtió en el principal medio de subsistencia para los pobladores del cantón El Chile en Los Planes, Chalatenango.
“El sueño esta rico y el frío es insoportable, no son ni las cuatro de la madrugada pero hay que levantarse para ganar el pan de cada día”, dice don Juan Murcia. Un agricultor del cantón El Chile en Los Planes, Chalatenango. Él trabaja en la Asociación de Cooperativas de Productores Orgánicos (ACOPO de R. L.), funciona desde 1995 con 26 agricultores asociados. La cooperativa está integrada por 20 hombres y 6 mujeres. Cada uno de los socios tiene de 5 a 6 agricultores a cargo, quienes iniciaron la nueva idea sobre la siembra de la tierra.
El presidente de ACOPO, Adelmo Arreaga, ejerce el cargo desde hace 3 años, define la agricultura orgánica como “el sistema de cultivo agrícola basada en la utilización óptima de los recursos naturales, donde no se utiliza químicos, sino solo abono elaborado con estiércol de la gallina, conocido como "gallinaza"; hierbas, hojas secas de los árboles y harinas de rocas”.
Manuel López, agricultor con cinco años de trabajar orgánicamente, asegura que la diferencia respecto a los cultivos convencionales y orgánicos es la calidad y el bienestar de las personas tanto de las que cultivan como de los consumidores.
Es interesante como empieza la historia de 5 agricultores que gracias a un extranjero que visitaba su zona cambiaron la forma de trabajar y procesar los vegetales. “Como olvidar al gringo Smith si él nos dio la idea que poco a poco hemos desarrollado”, resaltó Roberto Mejía uno de los primero pioneros que en este tipo de agricultura.
Al principio los llamaban incomprendidos, cuando iniciaron con toda esta locura de cultivar orgánicamente pero ya estaban cansados de tanta enfermedad debido a los químicos y pesticidas. Cada año moría más de algún cultivador por los tóxicos de los pesticidas. Doña Josefa relata la muerte de su hijo Daniel de 25 años, quien feneció a causa de una terrible infección por los químicos que contenía el pesticida que él roseaba en las parcelas de rábano. Estas y otras razones hicieron que los habitantes de Los Planes se decidieran a cambiar la forma de laborar sus productos.
“Muchos decían que no tendríamos futuro, pero gracias a Dios, poco a poco hemos llegado lejos porque hasta una empacadora tenemos y nuestros productos se venden a distintos supermercados; tales como La Despensa de don Juan, Híper Europa, entre otros. Y no solo en estas reconocidas empresas, sino también en hoteles prestigiosos donde nuestras legumbres se utilizan en comida gourmet”, afirmó Arreaga, mientras cortaba lechugas de verde intenso.
Pero todo este proceso no ha sido nada fácil, ya que se han implementado diferentes técnicas. De 1998 al 2000 se cultivaba de una manera más artesanal. Pero de 2000 a 2005 se incluyeron nuevas maneras e instrumentos, uno de ellos fue el uso de invernaderos para prevenir del mal tiempo y que animales afecten al cultivo.
Once diferentes cultivos son los que suman su pequeña lista de hortalizas. Entre los más demandados están: lechuga Grand Rapid, lechuga romana, cebollines y zanahorias.
La agricultura es la principal fuente de ingreso de los pobladores de Los Planes en Chalatenango. Donde no solo es un trabajo de subsistencia, sino un estilo de vida que no es nada fácil. Levantarse de madrugada, aguantar las bajas temperaturas, no dedicarle tiempo a su familia por estar siempre pendiente del cultivo es parte de la agenda de un sembrador. Sin un seguro médico, vacaciones remuneradas y salario fijo, todos ellos son felices realizando su trabajo. Así como un jugador de fútbol no puede vivir sin un balón, así un agricultor no puede vivir sin la cuma y el contacto con la tierra.
Entre increíbles paisajes, un clima envidiable y la ilusión de que cada día sus cultivos sean más rentables, ellos ponen todo sus esfuerzos para obtener un buen producto.
Hay mucha diferencia entre un agricultor orgánico y un convencional. El primero tiene que saber diferentes técnicas para preparar el cultivo con abono natural, donde se respete la fertilidad de la tierra y al medio ambiente. Mientras que el segundo cultiva de manera común con pesticidas y químicos. La preparación de la tierra lleva menos proceso.
Es por esto que ACOPO ha buscado apoyo en ONG como Clusa, organización costarricense que ha desarrollado la agricultura orgánica en su país. Gracias al apoyo que esta institución les ha dado han podido conocer maneras de cultivar nuevos productos como el brócoli.
¿Pero dónde esta le apoyo del Ministerio de Agricultura?
“Nosotros no tenemos relación con ACOPO, ya que cultivar orgánicamente no es nuestra especialidad”, declaró Orlando Vásquez, encargado del Centro Nacional de Tecnología (CENTA) en La Palma, Chalatenango.
Desafortunadamente, estas personas no tienen apoyo del gobierno y ni la municipalidad.
Para atraer a los turistas, construyeron un agro-mercado donde los visitantes pueden observar la elaboración de algunas hortalizas y las explicaciones de cómo se siembran.
El tratamiento de tierras que recibe el suelo dispuesto para la siembra orgánica es completamente natural. El rastrojo de los bosques, que concentra hojas secas y húmedas, barro y otras sustancias propias del suelo, es utilizado para hacer la amalgama con la que se llenan las bandejas de durapax que albergarán el germen de las lechugas. Luego, se pasa al área de lavado y empaque. Es toda una aventura el recorrido de este lugar y que sin duda lo hace valorar más el trabajo que se realiza en cada parcela.
Pero tanto esfuerzo valdrá la pena. En nuestro país la mayoría salvadoreños no saben la existencia de la agricultura orgánica. Y compran cualquier vegetal sin darse cuenta del tipo de químicos que esta lleva. Y por esto que ACOPO te da una nueva versión de los vegetales saludables a bajos precios. “Es necesario que las personas sepan sobre agricultura orgánica y sus benéficos para que pueda analizar qué tipo de legumbres debe comprar”, aseguró Mariela Ramírez una turista que frecuenta los cultivos en Los Planes en La Palma Chalatenango.
En el Ministerio de Turismo surgió la idea de hacer turismo ecológico agrícola en la zona alta de Chalatenango. Con el fin de dar a conocer el lugar y al mismo tiempo ayudar a los agricultores. Pero esto no fue lo esperado ya que los dueños de hoteles se aprovecharon de la situación y les cobraban a los turistas por cada parcela que visitaban.
Con aproximadamente 12 años de cultivar con esta nueva manera, el estilo de vida de los agricultores a cambiado; ya que hay menos enfermedades, pues ya no se utilizan químicos. En la actualidad están optando por crear nuevos cultivos para ver si crece la demanda, ya que entre más ventas hay más ingreso y fuentes de trabajo. Solo esperan que un día la agricultura orgánica sea conocida en todo el país a través de una campaña publicitaria.
Vivir entre hortalizas saludables, un clima agradable lejos del humo y el ajetreo de la cuidad puede ser una buena opción. Así como don Juan Murcia se levanta de madrugada para ganarse el pan de cada día y a la vez ayuda al bienestar de las personas, también hay cientos de pobladores que han dejado su vida en este proyecto.
Ahora quiero dejarte con esta pregunta:
¿Qué tipo de cultivos consumes orgánicos o tradicionales?